En el plano diplomático, claro. Y particularmente a partir del conflicto del Putumayo.
La primera razón tiene nombre y apellido: Jaime Bermúdez Merizalde. Este tipo no es ningún pintado en la pared. Tiene un doctorado en Oxford, en comunicación política (es decir, en cómo vender al ciudadano un agua fresca de limón que parece de naranja pero sabe a tamarindo). Fue el asesor de campaña de Álvaro Uribe. Y podemos pensar muchas cosas del presi colombiano,malas o buenas, pero el tipo ha ganado todas las elecciones a las que se ha presentado. Así que, por lo menos, tenemos la seguridad de que este hombre es todo menos ineficiente. No es por mala gente, pero el amigo Fander, a menos que infle un poquito su perfil de wikipedia, se le queda bien corto.

Uribe hizo bien. Contrató a un comunicador como ministro de relaciones exteriores, y no se decantó por el típico dinosaurio diplomático o alguna eminencia académico-sedante del Derecho internacional.
En el Palacio de Nariño se dieron cuenta hace ya tiempo de que una cancillería, hoy en día, es el departamento de marketing internacional de un gobierno. El mejor ejemplo de ello es el despliegue mediático posterior a la masacre del Putumayo (al que me referí en otra ocasión), vendida al público como un “ataque en defensa preventiva”, aunque ahí la verdad es que todavía Bermúdez no había sido nombrado. La prensa mundial (salvo por algunos medios independientes que nadie lee) se comió todo este cuento con papas fritas y Coca-Cola grande.
Les recomiendo este reportaje muy detallado sobre el modus operandi del aparato de comunicación del gobierno colombiano. Un proceso más o menos así: 1. incidente nuevo (ej: los militares masacran a quien no deben), 2. rueda prensa,3. se reparten folletos informativos con información “detallada” (y con eufemismos de antología como “falso positivo“), 4. medios contentos con que les ahorren trabajo y les digan qué repetir. Está en la web del periodista británico Garry Leech, un verdadero experto en ese conflicto que no se contenta con repetir lo que le dicen los cables de AP (y que, por lo tanto, no lee nadie, salvo unos cuantos frikies).
¿Qué debería hacer el gobierno ecuatoriano? Aprender la lección. Enterarse de que la diplomacia se juega con estrategia. Será mejor asesorarse un poco mejor. Quizás así en el próximo partido no les ganan por goleada. Un sólo ejemplo. Cuando se dio lo del Putumayo, los periodistas de El País en España tenían contacto directo y fluido con las autoridades colombianas. Así que apenas sonaron los tiros los proveyeron de material para que escriban mamarrachadas como esta. El gobierno ecuatoriano optó por inventarse tontería y medio sobre vínculos ocultos entre El País de España y al familia de Uribe. Nada de eso (aquí hay una prueba de que no es así). Simplemente habían establecido canales informales con medios estratégicos, y cuando explotó la crisis los usaron. Por lado del Ecuador, teniendo todos los argumentos en su favor, no vi un sólo artículo de opinión de alguno de nuestras autoridades diplomáticas en los medios españoles. Nada de nada. Al final, teniendo razón, perdieron la batalla de opinión pública internacional. Al final tendrán razón esas viejas mojigatas que siempre dicen “no basta con ser, sino que también hay que parecer”. O no. En política internacional creo que es más importante parecer.
Cuesta pensar que Uruguay alguna vez fue uno de los escenarios latinoamericanos de la Guerra Fría. Dos fundamentalismos se encontraron y trastocaron para siempre esa sociedad. Los